2000

De cómo Anselmo de Piñones y CCyLB alcanzan Finisterre, el fin del mundo

Los compromisos adquiridos con la ciudad se habían cumplido de manera excelsa y el espíritu viajero del grupo les incitaba a continuar su periplo para llegar a Finisterre, el fin del mundo. Iniciaron trámites y planes próvidos para abandonar la ciudad que tan bien los acogió y a la que costaba abandonar.

Canisio Culeras y Las Berretes

Vacas Locas

Naturalmente, estos planes se llevaron en el más riguroso de los secretos y tan solo fueron enturbiados brevemente, cuando la Berrete Curro Matachín fue requerida con toda urgencia en la facultad de Veterinaria, para porfiar con una enfermedad nueva llamada de las Vacas Locas.
Yo me apresuré a terminar mi estudio sobre la Conformidad de Aquiescencia Nemotécnica y Lingüística antes de partir rumbo a otros puertos. Mis recuerdos de aquellos días son como una vorágine de fragmentos deslavazados, tal era el torrente de idas, venidas, conversaciones, empandullos, torzones y equipajes.

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Tonel de Ulpianovice

Envié una comunicación por la Internet a Ulpiano, el latifundista de Épila para que me enviara unos bidones de Ulpianovice como provisión para el viaje y pasé varios días enviando una difusa y profusa correspondencia epistolar. Mi hermano de padre Fulgencio ayudó a Primiano a desmantelar Radio Canisio y yo ayudé a Gloria a finiquitar El Laterío, que ya tenía comprador: Eutimio Sorrosal, quien iba a poner en el local una casquería. Gloria iba a regresar a su tierra con nosotros, y yo estaba exultante y bastante aturrullau por la noticia.

Despedida

Canisio Culeras y Las Berretes

Cartel del show

CCyLB decidieron dar un espectáculo de despedida en la taberna Morrissey y una fiesta irracional en Las Minas, con poca y elegida asistencia: aliados más íntimos, ilustres de buena ralea, fans eméritos, acólitos pertinaces y clerecía diversa. En uno de los ensayos previos, realizaron un registro sonoro de todo su repertorio. Fue grabado por MU Records pero dicha grabación nunca ha visto la luz. Pietro di Scala envió una vestimenta nueva para Canisio con tonos escarlatas, carmesí, grana, bermellón, púrpura, cinabrio y algún toque rojo.

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CCyLB en el escenario de la taberna Morrissey

Canisio Culeras y Las Berretes

El show fue delirante y escandaloso de principio a fin. CCyLB en estado puro, sin dilaciones ni ambages. Pusieron las revoluciones de su batidora musical al límite, sabedores de su gran poderío escénico y asombraron a la concurrencia con un derroche de ambivalencia sonora y fónica

Canisio Culeras y Las Berretes

He de decir que jamás, y quiero recalcarlo, jamás había visto un espectáculo tan portentoso como el de esa noche. El público, sabedor de que quizá nunca más volviera a verlos en un escenario en Zaragoza, se fundió y confundió con el grupo

Canisio Culeras y Las Berretes

Debo decir que algunos también se fundieron por dentro, pero fueron los menos.

Varios de los presentes derramaron lágrimas pero los que estaban al lado se las bebían, de manera que esa simbiosis se transmutó en un espasmo colectivo.

“¡Qué omnumiscencia, Tomates y Cebollas, y qué delirio”. Nadie quiso abandonar la taberna al finalizar el show y su propietario, Tito, tuvo que emplear sofisticadas argucias para echarlos de allí.

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Tras el show, se celebró una fiesta irracional en Las Minas

Gloria había preparado varias tinajas de Néctar de Ciruela Agria; de la Hospedría del Pilar llegaron varios escolanos con una plétora de Crespillos; la Sangría se escanciaba con profusión, el champán llegado de París produjo un mar de burbujas, y la gente comenzaba a ejecutar el andar rembético, mientras realizaba una ingente cantidad de trabajos manuales.
Numerosos fueron los obsequios y regalos de despedida que recibió el grupo:

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Calle de CCyLB en Zaragoza

de parte de la excelsa corporación municipal, una calle con el nombre de CCyLB; del cabildo metropolitano, una excomunión colectiva; Alma Leh y MariMar Iscal cedieron todos sus derechos de imagen y publicidad al grupo; tablas de surf y cachirulos con el emblema del grupo impreso de parte de algunos fans, varios quintales de aromáticas esencias y un Ordenador portátil de acólitos anónimos… La lista era interminable y mientras CCyLB los recibían con sorna y grandes aspavientos, decidí poner en práctica una receta de un destilado especial y muy antiguo, del mamotreto El Culto Prohibido a la Bicha de la Mina.

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La Bicha de la Mina

Preparé el alambique y seguí los pasos descritos. Gloria acudió a ver lo que estaba haciendo y derribé la redoma con el susto. Se había roto un poco y la pegué como pude con Lotite. Tras explicarle a Gloria lo que estaba haciendo, seguí con el proceso.
Al cabo de un rato de cocción, la tapa escapó de su sitio y comenzó a escucharse un silbido prolongado y muy agudo.

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Miré a Gloria y en ese momento explotó la marmita con un gigantesco sonido. ¡Qué infortunio y qué estrapalucio!

Del techo de la sala comenzaron a caer algunas piedras y observé que unos fardos que había en el suelo se estaban quemando: eran las hierbas aromáticas y despedían un humo muy fuerte que nos hizo recular hacia atrás. Una nueva explosión terminó por decidirnos: tomamos los equipajes y todo lo que pudimos acarrear, y salimos bufando de Las Minas. Con el contacto del aire fresco recompusimos un poco la compostura.
CCyLB se introdujeron de nuevo en Las Minas y salieron con más petates y objetos.

Canisio Culeras y Las Berretes

Un humo muy fuerte nos hizo recular hacia atrás

Todos les ayudaron a sacar sus pertenencias excepto yo, que comencé a arrancarme el pelo, a dar profusos alaridos, a frotarme las rodillas con una ciruela y gritar como un poseso. “¡He sido yo, mía es la culpa, soy un hevy-pop-jazz!”. Gloria tomó mis manos entre las suyas y me hablaba intentando consolarme pero yo no la escuchaba y seguía gritando: “¡Qué desgracia tan grande ha caído sobre mí, Tomates y Cebollas!”.

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Noté una eyección de masa coronal fluyendo de mí y debí de caer en un shock, no tengo más recuerdos.

Gloria me contó al día siguiente, que tras unas cuantas irrigaciones de ciruela claudia macerada con Sangría, volví a mi estado habitual. De Las Minas no había ni rastro, se habían hundido sin remedio. No hubo heridos, ni el grupo perdió ninguna de las pertenencias. Además comprobé, muy conmovido, que no me guardaban ningún rencor y que, puesto que ya se iban de la ciudad, nada se perdía con ello. Eso tranquilizó bastante mis ánimos y nos pusimos en marcha.

Canisio Culeras y Las Berretes

Nos siguió una procesión de remeros que bajaron por el río hasta que nos perdimos de vista, al atravesar el Puente de Piedra.

Allí nos esperaba una multitud vestida con trajes talares y camisetas con el emblema del grupo, que aguardaba expectante. El grupo paró su recorrido y ejecutó a capella la pieza Repúblicas Isobáricas. Cuando los últimos ecos de sus voces comenzaron a perderse, el gentío respondió con un meritorio y enternecedor “hevy-pop-jazz”, y abandonamos la ciudad.

Y allí estaba yo, Anselmo de Piñones, para ser testigo y cronista de estos sucesos, en el año del Señor de 2000.

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