Encuentro en Praga

De cómo Anselmo de Piñones escuchó por primera vez a CCyLB

Anselmo de Piñones

Puente de Carlos, Praga

La primera vez que escuché a CCyLB fue en Praga y supuso un impacto total. Caminaba por Mala Strana y llovía.

Canisio Culeras y las Berretes

De pronto, escuché un extraño e hipnótico sonido: cuando este cesó se me removieron las tripas.

Canisio Culeras y las Berretes

Permanecí unos segundos quieto, en tensión y con la sensación de que algo extraordinario iba a ocurrir. Al instante se escuchó otra vez y me produjo un retortijón intestinal de cuidado. Cuando cesó el sonido se paró el malestar que sentía.

Más intrigado por la naturaleza del sonido que por mis sensaciones escudriñé alrededor. Justo a mi derecha, una taberna llamada Petřín anunciaba un espectáculo sorprendente a cargo del grupo musical CCyLB. No había terminado de leer cuando se escuchó otra vez ese sonido que puso mi cuerpo en un trance escatológico de imprevisibles consecuencias. Decidí entrar a ver qué era lo que provocaba esa reacción.

La taberna era oblonga y estirada. Tenía mesas, sillas, algún taburete escolumbrecido y una barra alargada. Descubrí al fondo una mesa sin ocupar y fui hasta ella. Apenas me había sentado cuando se escuchó un gorgorito edulcorado y asonante que derrumbó mi plexo solar: tras una cortina se intuía un escenario pequeño e infante y bultos que asemejaban personas.

Canisio Culeras y las Berretes

Un camarero que llevaba un gorro de lana y unas polainas gigantescas se acercó con paso lento y me saludó con aire ceremonioso y conspirativo: Dobrý den!

Le devolví los buenos días y le pedí una cerveza: Jedno pivo prosím!

El público era poco y variopinto. Ocupaba la mitad del local. El camarero de las polainas apareció con mi Pivo que bebí con sorbos pequeños mientras se fueron apagando las conversaciones, las luces y mis tripas.

Canisio Culeras y las Berretes

Ángulo correcto para consumir Pivo

La cortina se deslizó suavemente. Se escuchó un sonido de un triángulo y un mundo nuevo se abrió ante mí: varios músicos apretujados en el escenario comenzaron un canto estrambótico y miserere. Tan pronto sus voces eran un stacatto ingrávido como un berrido amplificado. Su atonía era como un rescoldo que abre camino en la hienda. ¡Qué follón, qué estrapalucio…!

Canisio Culeras y las Berretes

CCyLB en la taberna Petřín

Vestían unos trajes talares de fantasía con ornamento multicolor y sombreros bataleros. Tras un canto a capella se hizo el silencio más absoluto. Di varios largos tragos de mi Pivo que combatieron el frenesí interior. Los músicos cogieron sus instrumentos y empezaron a hacer un ruido cada vez más difuso y estridente que emabaucaba poderosamente.

De vez en cuando se alzaba por encima del estruendo un berrido descomunal, un vórtice que marcaba los cambios de ritmo.

Canisio Culeras y las Berretes

El énfasis y la diversidad tímbrica de su música me produjo un impacto y una descomposición interna que me llevaron a un éxtasis diurético y sensorial como jamás había sentido.

No sé cuánto tiempo duró el espectáculo, solo recuerdo que de pronto el ruido cesó y yo volví a la realidad. Estaba solo en el local, todo el mundo había desaparecido. Llamé al camarero de las polainas y le pedí la cuenta. Me dijo que no hacía falta que pagara nada, puesto que había sido la única persona en aguantar todo el espectáculo, la casa invitaba. ¡Děkuji! exclamé: Gracias.

Tras darle las gracias me dirigí a la salida. Anduve un poco por la redolada mientras reflexionaba en lo que había visto y sentido.

Canisio Culeras y las Berretes

Jamás nada me había trastocado de esa manera.

Aparecí en el Puente de Carlos y contemplé sus bellas estatuas, pero algo raro me pasaba, ¡porque las veía con las mismas ropas que llevaba el grupo del espectáculo! ¿Qué me estaba pasando? ¿Había tenido una experiencia extrasensorial? ¿Acaso un encuentro en la quinta fase?

Me di la vuelta y me encontré de sopetón con una persona. Cuando fui a disculparme me di cuenta de que era uno de los miembros del grupo. Le di un empujón y eché a correr despavorido, gritando como un poseso hasta que llegué a my home y caí en un sueño lleno de pesadillas en las que rostros con velo me perseguían por un puente lleno de cabezas cortadas.

De cómo Anselmo de Piñones conoció a CCyLB

Al día siguiente desperté con la determinación de que deseaba conocer a los autores de semejante obra maestra. Cumplí con mis obligaciones y después llamé a mi hermano Fulgencio de Piñones para que acudiera conmigo. Fulgencio es mi hermano por parte de padre.

Canisio Culeras y las Berretes

Fulgencio de Piñones

Es un excelente fotógrafo aunque en ocasiones es un poco somardas, por lo que hube de explicarle detenidamente el espectáculo que íbamos a ver.

Mientras lo esperaba sintonicé la radio. Las noticias hablaban de que ayer por la noche un maníaco había arrojado al río a un eclesiástico al grito de El Vaticano es un sabor tropical”. El reverendo padre nadó hasta la orilla y salió ileso. No ha dado pistas sobre su enigmático agresor y la policía continúa sus pesquisas. Esa noticia me recordaba algo pero no sabía el qué.

Cuando Fulgencio acudió a casa marchamos rápidamente a la taberna Petřín para coger sitio. El local estaba lleno y faltaba una hora para comenzar la actuación.

Canisio Culeras y las Berretes

“Tomates y Cebollas”, maldecí: ni un sitio libre…

A mi lado apareció el camarero de las polainas y con un ademán nos invitó a seguirle. Nos llevó a una mesa colocada en un lateral justo a pie de escenario. Tenía un cartel de reservado. Nos sirvió Pivo y despareció con su andar sigiloso.

Canisio Culeras y las Berretes

Ángulo correcto para consumir Pivo

Debo decir que mi hermano Fulgencio es un poco corto de vista, más bien podría decirse escaso y que necesita cierto lapso para colocarse y colocar sus aparatos, así que andábamos también cortos de tiempo.

Canisio Culeras y las Berretes

Fulgencio hace todas las fotografías con una cámara especial, llamada Cámara Kirkian, que permite realizar fotografías estrobóticas.

Poco a poco se iba vaciando el local, tanto es así que para la hora de comienzo del espectáculo, apenas una docena de espectadores aguardábamos el inicio. Y a la hora señalada comenzó el exorcismo sonoro. Si lo de ayer fue intenso por lo inesperado, lo de esta noche podría catalogarse como sublime. A mitad de la primera canción Fulgencio se derrumbó en la silla agitado por movimientos descontrolados de pelvis que le duraron toda la actuación.

Canisio Culeras y las Berretes

CCyLB en la taberna Petřín

Después no sé qué ocurrió exactamente, tengo una pequeña laguna nemotécnica. Recuerdo unos golpes de tambor desaforados y, tras una explosión de ritmo, me di cuenta de que podía entender los berridos del grupo.

Canisio Culeras y las Berretes

¡Qué deleite! ¡Y qué dislate! Sus letras rompieron todo en mi interior. Tuve que ausentarme brevemente de la sala.

Tras una cesura intenté que Fulgencio hiciera alguna fotografía pero su estado era deplorable. Yo mismo tuve la cámara en mis manos y toqué cuatro o cinco botones pero esos chismes no se me dan nada bien. Me concentré en la música y descubrí que cada pausa de ruido que había era porque se había terminado una canción. Interesante concepto. En sus letras hubo algunas frases que se grabarían en mi cabeza por siempre jamás:

“Estos acordes sintácticos son pleonasmos nasales de la morfosintaxis muscular de los plátanos aristocráticos belgas”
“Guerreros acomodados y ficticios, bilingües sedimentos blanquecinos”
“El vaticano es un sabor tropical”
“Hablar de tu cuerpo es notar una dureza en la bragueta”

¡Ah, hoy lo recuerdo con nostalgia y alevosía…! Al terminar el espectáculo Fulgencio se despertó y me dijo que yo era un mal hermano por parte de padre, por llevarlo a padecer espectáculos como ese. Yo me disculpé como pude y lamenté que mi hermano no compartiera ese éxtasis fervoroso y voluptuoso que yo siento cada vez que escucho a CCyLB, pero se marchó de la taberna tan indignado que se olvidó la cámara de fotos y todos sus bártulos.
Le pregunté al camarero de las polainas si podía entrevistarme con los miembros del grupo. Tras un rato de espera, Polainas volvió y me dijo que el grupo aceptaba una entrevista si no era de balde. Así que encargué unas rondas de Pivo y seguí al camarero hasta los camerinos.

Canisio Culeras y las Berretes

Ángulo correcto para consumir Pivo

El grupo me miró brevemente y no me hicieron caso. Algunos estaban ocupados en trabajos manuales y otros gritaban y se daban empellones. Tosí brevemente para llamar su atención pero fue en vano. Entrechoqué las botellas de Pivo y al instante todos se volvieron hacia mí.

Canisio Culeras y las Berretes

Anselmo de Piñones

Entonces me presenté. Les dije: “Me llamo Anselmo de Piñones y soy un estudioso de la Musicología y el Folclore. Mi pasión secreta es el estudio e interpretación de manuscritos arcaicos y mi licor preferido es el licor de ciruelas en todas sus variedades.

Canisio Culeras y las Berretes

Slivovice

Pero desde ayer, que les escuché por primera vez, mi vida ha dado un giro brutal. Han provocado en mí un estremecedor cambio”. Uno del grupo, me parece que el que lleva la voz cantante, me dijo: “¿Qué provoca nuestra música en su interior?”

Canisio Culeras y las Berretes

Yo respondí: “¡Que remueven mis sentidos como remueven las tripas las ciruelas!”

Todos se empezaron a tirar al suelo, a reír y a dar patadas al aire al grito de “hevy-pop-jazz”. Aquello me pareció una aceptación por parte del grupo hacia mi persona y le indiqué a Polainas que repartiera una ronda de Pivo y fuera a buscar unas viandas para compartir con el grupo. Poco a poco entablamos conversación y descubrí que ellos estaban vivamente interesados por la Polka en cualquiera de sus acepciones y significados. Pregunté a cada uno de ellos por su historia personal. ¡Me conmovieron tanto sus vicisitudes…!

Como resultado de este encuentro quedó sellado entre nosotros que yo, Anselmo de Piñones, con pleno consentimiento de CCyLB, y a partir de ese instante, iba a ser el biógrafo oficial del grupo. Nos despedimos con un ¡Děkuji! grandioso, entonado con el ardor de los buenos camaradas, y volví hasta my home mientras comenzaba a amanecer.

Al bajar por la Calle Dorada no se veía a nadie. Bajé calle abajo imitando el andar de Polainas y berreando al ritmo que mis tripas marcaban, mientras pensaba con satisfacción: esto es vida…

De cómo Anselmo de Piñones va de gira con CCyLB

Durante tres días y tres noches me dediqué a recopilar todos los datos que había reunido del grupo y a tocar la flauta de vez en cuando para calmar el esplín que sufre mi urraca Emerenciana.

Canisio Culeras y las Berretes

Emerenciana

¡Pobre bicha! Cada setenta y tres días soporta unos abatimientos de espanto. El veterinario cree que es porque my home está situada muy cerca de un punto telúrico que le afecta el ánimo.

Por otra parte estaba deseoso de ver otra vez al grupo para escuchar su espectáculo y mostrarles mi pequeño esbozo con la historia y su biografía. Así que poco antes de la medianoche acudí al Petřín dispuesto a todo. En cuanto llegué, Polainas me dirigió a una mesa junto al escenario y me comentó que esa noche no había actuación.

Canisio Culeras y las Berretes

Canisio, el cantante del grupo, había tenido un incidente con su zona inguinal al realizar un espagat.

Me dirigí al camerino a interesarme por el incidente y a mostrar mis escritos. Canisio se encontraba tumbado en una hamaca rodeado de tubos y otros aparatos médicos. Uno de los tubos le entraba por la boca y parecía que Canisio lo chupaba con deleitación. Me acerqué a preguntar por su accidente.

Canisio Culeras y las Berretes

“Eso no es nada, Anselmo. Un poco de reposo y abundancia de elixir, eso lo cura todo”.

Miré con detenimiento y descubrí que los aparatos no eran médicos, sino un inteligente sistema de destilado de licores cuyo resultado se introducía directamente en el gaznate de Canisio.

“Tomates y Cebollas”: exclamé con admiración. Aún no había salido de mi asombro cuando se me acercó otro miembro del grupo y me abrazó efusivamente. Los demás estaban mirando un mapa enorme de Eurasia.

Canisio Culeras y las Berretes

Mapa de Euroasia

Me uní al grupo y me recibieron con un par de empellones mientras gritaban “hevy-pop-jazz”. Debe ser su saludo especial de poder y amistad, pensé, así que me uní a ellos en el berrido colectivo.

Les enseñé mis escritos pero los guardaron en una maleta de aspecto inquietante y me dijeron que lo leerían más adelante. Ahora lo importante era que se iban a embarcar en una gira que les llevaría a recorrer parte de Eurasia y querían que yo fuese con ellos para escribir todo lo que hubiera de interesante. Rápidamente valoré la situación: mis estudios me permitían cierta libertad y mi única obligación era ocuparme de mi urraca Emerenciana.

Dije que sí a condición de poder viajar con mi urraca y un ensordecedor “hevy-pop-jazz” resonó por el camerino. Eso significaba que todo estaba resuelto y esta vez fui yo quien gritó un “hevy-pop-jazz” con toda la fuerza que pude. Rápidamente cada uno ocupó su posición: unos haciendo trabajos manuales, otros acudiendo a por Pivo.

Canisio me llamó a su lado y me ofreció un destilado especial para los grandes acontecimientos. Yo no quería pero insistió tanto que acepté un vaso. ¡Qué sabor! ¡Qué retortijones! ¡Y qué omnumiscencia! El mejunje era un Slivovice socarrado.

Canisio Culeras y las Berretes

Slivovice

Yo no había probado en mi vida nada semejante. Le pregunté qué era y me dijo: licor de ciruela. Desde entonces es mi bebida favorita.

Me disponía a brindar con descaro cuando las Berretes se acercaron para pedirme un favor. Yo acepté de inmediato al ser requerido para semejante honor. Había un problema: no podían abandonar el país por algunos asuntos de poca importancia, su pasaporte estaba retenido y necesitaban huir, recorrer otros lugares, chicas, fama, dinero…

“Tomates y Cebollas”: maldecí a voz en grito. ¿Cómo alguien podía ser tan desconsiderado con unos artistas tan sublimes? ¿Y de qué os acusan?, les pregunté.

Caniso contestó: Principalmente por escándalo diurno, aliteración del orden, poca masa corporal, eczema en las cejas, palíndromos falsos y

Canisio Culeras y las Berretes

no mantener el equilibrio al andar por la calle

Canisio Culeras y las Berretes

Luego hay algunas cosas menores, como enseñar el culo a las monjas, pasar del límite de decibelios regoldando y hacer surf por el río Moldava.

Canisio Culeras y las Berretes

“¡Qué injusticia tan grande!” le dije. ¿Y no se puede hacer algo?

Canisio me miró y sonrió. “Anselmo, ¿quieres ayudarnos?
“Claro”, exclamé.
Canisio me soltó: “Entonces hay una opción: sobornar a un funcionario de aduanas”

Canisio Culeras y las Berretes

Funcionario de aduanas sobornado

“¿Cómo? ¿Quieres que participe en un soborno? ¿Yo, Anselmo de Piñones, el estudioso más ilustre y diligente colaborando en un acto delictivo de imprevisibles consecuencias? ¿Y porqué he de hacerlo?
Canisio pronunció estas palabras: “Porque si no lo haces, la velocidad de los puños de mi camisa será inversamente proporcional y no será admitida en los corrillos de la bolsa. ¡Piensa en el arte!”

Canisio me acercó otro vaso de Slivovice y mientras lo saboreaba comenzó a berrear en un tono increscendo. Las Berretes lo imitaron y yo sentía cómo se removía algo en mi interior, algo casi místico implosionaba en espasmos musculares que no podía contener. En ese trance demoledor le dije a Canisio que iba a ayudarles. El único inconveniente era que ninguno teníamos dinero pero la solución llegó enseguida.

Canisio Culeras y las Berretes

La Berrete Hortensia sugirió que si yo vendía a mi urraca Emerenciana, con el dinero obtenido por su venta tendríamos para el soborno.

Yo me negué en redondo, en cuadrado y de perfil. A partir de entonces ya no tengo recuerdos. Desperté dos días después en my home. La jaula de la urraca estaba vacía. Sobre la cama encontré los visados sellados para el grupo, otro a mi nombre y otro a nombre de mi hermano de padre, billetes para un tren con destino a Budapest y una lista de sitios en los que el grupo tenía previsto actuar.

Canisio Culeras y las Berretes

Emerenciana

Mientras corría presuroso hacia el baño le dediqué un último pensamiento a Emerenciana y dejé que una sola palabra expresara todo lo que había sentido por ella: “hevy-pop-jazz”.

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